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Lluís Montoliu

Investigador en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC) y en el CIBERER-ISCIII

Ha muerto uno de los científicos más influyentes, vehementes, agresivos y ambiciosos de nuestra época. Seguramente una personalidad irrepetible que merece ser recordada no por sus frecuentes posicionamientos personalistas, sino por sus aportaciones.  

La carrera para obtener el genoma humano en 2001 se ha explicado como una batalla entre el proyecto público, que empezó en 1988, liderado primero por James Watson (Cold Spring Harbor Laboratory) y luego por Francis Collins (NIH), en colaboración con el instituto Sanger en Cambridge y muchos otros laboratorios, y el proyecto privado, liderado por la empresa Celera Genomics, fundada por Craig Venter en 1998. En realidad, no existió tal batalla y fue más una colaboración que una competición.  

Craig Venter desarrolló el método de secuenciación de ADN llamado “shot-gun”, basado en trocear las moléculas de ADN en numerosos fragmentos de pequeño tamaño, fáciles de secuenciar, para luego ensamblarlos en la secuencia correcta. Pero para eso necesitaba referencias externas, una cartografía, un mapa físico bien establecido que fue lo que proporcionó el proyecto público. En otras palabras, ambos proyectos se necesitaban. La cartografía permitió saber dónde había que situar los fragmentos de ADN que secuenciaba Celera y Craig Venter. Y los numerosísimos fragmentos que producían estos permitieron al proyecto público completar el genoma también. El resultado fue una publicación doble, en febrero de 2001. Craig Venter publicó su genoma “privado” en la revista Science, y el proyecto público del genoma humano se reportó en la revista Nature.  

La comunidad científica y la sociedad en general se beneficiaron de esta aparente lucha que resultó ser más bien una colaboración efectiva, una ayuda mutua, aunque inicialmente fuera a regañadientes, a cara de perro. Pero incluso el más orgulloso y soberbio de los científicos, como Venter, que quería apisonar y superar al proyecto público del genoma humano, avasallando con sus máquinas de última generación y sus aplicaciones de secuenciación masiva, tuvo que acabar reconociendo que sin el mapa general que habían construido (y compartido libremente) el proyecto público del genoma no habrían podido completar el puzle, no habrían podido situar sus millones de fragmentos pequeños de ADN en el sitio correcto. La unión hace la fuerza.  

Naturalmente Craig Venter dejó huella en el genoma, pues de las cinco personas que se usaron para obtener el genoma privado, una de ellas era él mismo. ¿Podemos pensar en algo más narcisista que secuenciar tu propio genoma para que el resto del mundo lo use de referencia? Así era Venter. Pero Venter también será recordado por sus aportes en biología sintética, por haber obtenido en 2010 la primera célula sintética, en el laboratorio. Su equipo preparó la bacteria Mycoplasma laboratorium, empalmando diferentes fragmentos de ADN y genes hasta crear un genoma mínimo que permitía la autorreplicación de la célula resultante, a pesar de haber sido creada en el laboratorio. Algo ciertamente espectacular, abriendo un campo que ha seguido progresando. También merece ser recordado por sus iniciativas pioneras obteniendo metagenomas de la naturaleza. En otras palabras, secuenciando ADN presente en ecosistemas y a partir de ahí deduciendo los genomas de los microorganismos presentes y descubriendo nuevos genes con posibles aplicaciones. 

Despedimos a una personalidad arrolladora, alguien que con todas sus sombras logró que su nombre se asociara a una de las iniciativas más relevantes que nos propusimos los seres humanos: ser la primera y única especie capaz de leer e interpretar su propio genoma. Nada más y nada menos. 

ES