Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE, CSIC-UV-GVA)
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Investigador del Laboratorio de Clima, Atmósfera y Océanos (Climatoc-Lab) en el Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE, CSIC-UV-GVA)
Profesor del CSIC en el CIDE (Centro de Investigaciones sobre Desertificación), Valencia
Miembro del Grupo de Investigación en Seguridad Alimentaria y Medio Ambiente del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (Valencia)
La pasada madrugada, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, declaraba la emergencia de interés nacional en la Comunidad de Madrid y en la provincia de Ávila por los incendios forestales de Villa del Prado, San Martín de Valdeiglesias y Burgohondo. Según el consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior de la Comunidad de Madrid, Carlos Novillo, los fuegos se encontraban fuera de la capacidad de extinción y representaban una grave amenaza para la población. La Agencia de Seguridad y Emergencias Madrid 112 ha comunicado que, pese a que los trabajos nocturnos han sido efectivos, los incendios siguen sin estar perimetrados ni controlados. Permanecen evacuadas más de 10.000 personas.
La revista Science publica un mapa global sobre la exposición a sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS, por sus siglas en inglés) a través del consumo de productos pesqueros. Las PFAS son sustancias de difícil degradación, por lo que pueden acumularse y algunas se relacionan con problemas de salud. Los autores recopilaron datos durante 20 años a partir de mediciones de PFAS en el medio marino y en pesquerías, y elaboraron un mapa de las concentraciones de estos compuestos en más de 200 especies de peces marinos. El estudio muestra que el comercio internacional de pescado redistribuye el riesgo de exposición a PFAS desde regiones de alta contaminación hacia zonas menos expuestas, siendo el comercio europeo el que desempeña un papel clave en el aumento del riesgo de exposición a estas sustancias.
Según un estudio de modelización publicado en Nature Cities, se prevé que en las próximas décadas aumente la frecuencia de algunos tipos de incendios en las ciudades como consecuencia del cambio climático. Este incremento se registraría en incendios de vehículos y en los que ocurren al aire libre. Las conclusiones se basan en datos de más de 2.800 urbes de 20 países y podrían ser útiles para futuras estrategias de planificación urbana y respuesta a emergencias
Más de tres cuartas partes de la superficie terrestre sufrieron climas más secos entre 1990 y 2020, en comparación con las tres décadas anteriores, según un nuevo informe de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación. En los últimos 30 años, el 40,6 % de la masa terrestre mundial, excluida la Antártida, se clasifica como tierras áridas, tres puntos porcentuales más que las tres décadas anteriores. El informe, que se presenta en la COP16 sobre desertificación que se está celebrando en Riad (Arabia Saudí), también muestra que en 2020 vivían en zonas áridas 2.300 millones de personas, una población que podría llegar hasta los 5.000 millones en 2100 en el peor de los escenarios de cambio climático.
Una “gran fracción” de las muestras de aguas subterráneas está contaminada por sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) y se consideraría inaceptable para el consumo de agua potable, según afirma un estudio. El análisis, publicado por Nature Geoscience, aglutina los datos de 273 estudios con muestras de aguas superficiales y subterráneas alrededor del mundo desde 2004. La proporción exacta de muestras que superan los umbrales varía según las normativas que se consideran. Por ejemplo, el 69 % de las muestras de aguas subterráneas sin fuente de contaminación conocida superan el umbral canadiense, pero la cifra es de solo del 6 % si se considera el criterio establecido por la Unión Europea para la suma de todos los PFAS.