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Jordi Pérez-Tur

Investigador científico de Organismo Público de Investigación (OPI) en el Institut de Biomedicina de València del CSIC e investigador principal de grupo en el CIBERNED

El fallecimiento de Craig Venter supone la pérdida de un pionero en el sentido más estadounidense de la palabra. Expandió el territorio de la genética como nadie lo había hecho desde finales del siglo XIX. Su abordaje para conseguir avanzar rápidamente en la secuenciación del genoma humano fue crítico para comenzar a alcanzar ese hito en 2003, cuando se cumplían 50 años de la descripción de la estructura en doble hélice del ADN. 

Venter fue un pionero, no exento de polémica, que generó varios institutos de investigación (TIGR, en 1992, que después formaría parte del J Craig Venter Institute en los primeros años de este siglo), empresas (Celera) y, sobre todo, dirigió proyectos que no solo rompían fronteras, las sobrepasaban con innovaciones espectaculares. Su forma de abordar la secuenciación del genoma humano supuso un shock para el programa público, con una aproximación diferente y que hubiera necesitado mucho más tiempo para lograr su objetivo sin la secuenciación de ESTs, una técnica surgida del ingenio y visión de Venter y su equipo. En estos últimos tiempos, su objetivo fue la creación de células sintéticas, un campo que está en expansión. 

Coincidí con él en un par de ocasiones y me sorprendió su agilidad mental, la claridad de objetivos que tenía y el camino que había planteado para cumplirlos. Era un científico de una gran inteligencia puesta al servicio del avance en el conocimiento de la biología. Entendió dónde se encontraban algunos de los aspectos que más necesitaban ser superados para abrir esas fronteras que le encantaba traspasar. 

Aunque suene a tópico, despedimos a una figura seguramente irrepetible y de la que se dan pocos ejemplos en cada generación.

ES