Froila M. Palmeiro
Investigadora en el Instituto de Geociencias, IGEO (CSIC-UCM)
El informe sobre el estado del clima en Europa en 2025 advierte que nuestro continente se está calentando el doble de rápido que el promedio mundial. A este ritmo, alcanzaremos el límite de 1,5 °C fijado en el Acuerdo de París a finales de esta década, con consecuencias directas en la biodiversidad y la seguridad climática.
En 2025, la mitad de la población mundial experimentó más días con sensación térmica superiores a 32 °C que en un año típico. En el sur y el este de España este exceso de calor extremo se prolongó durante 50 días adicionales respecto a lo normal, subrayando la vulnerabilidad de la Península Ibérica. En España, la quinta primavera más húmeda desde que existen registros permitió aliviar la sequía iniciada en 2022, pero también fomentó un crecimiento masivo de vegetación que pudo terminar convirtiéndose en combustible para los incendios forestales de verano. Cabe destacar que las emisiones forestales de España supusieron, solo en agosto, la mitad del total europeo que alcanzó niveles casi cinco veces superiores a la media histórica.
El informe destaca que el calentamiento no solo afecta a la atmósfera, sino también a lagos y océanos. De hecho, la temperatura de la superficie del mar en Europa ha alcanzado su máximo histórico por cuarto año consecutivo. Asimismo, mientras los glaciares de montaña siguen retrocediendo, el máximo anual de hielo el Ártico que se alcanza anualmente en marzo, se quedó en un mínimo histórico el año pasado.
También se destacan grandes contrastes regionales en Europa en cuanto a precipitación e inestabilidad hídrica. Las precipitaciones extremas de corta duración son ahora más frecuentes e intensas debido a una atmósfera más cálida capaz de retener más humedad, aumentando el riesgo de inundaciones repentinas y coincidiendo así con las advertencias del último informe del IPCC.
En cuanto a las energías renovables, casi la mitad de la demanda energética de Europa ya se cubre con estas fuentes. Esto se debe, en parte, al auge de la energía solar fotovoltaica, que ha multiplicado su producción en los últimos veinte años gracias al incremento de días soleados y menos nubosos, especialmente en el centro de Europa.
El informe también alerta de la amenaza que supone el calentamiento extremo sobre la biodiversidad marina del Mediterráneo, donde las olas de calor anuales han reducido un 34% las praderas de Posidonia oceanica, vitales para la estabilidad del ecosistema en el Mediterráneo. De hecho, su recuperación está incluida en la Estrategia de Biodiversidad de la UE para 2030, ya que estas praderas actúan como sumideros de carbono y protegen la costa frente a tormentas. Su protección está fomentando una mayor riqueza de especies, comunidades marinas más complejas y hábitats que sirven de criaderos naturales para los peces.