Cristina Santín Nuño
Científica titular del CSIC y jefa del Departamento de Biodiversidad y Cambio Global del Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (Universidad de Oviedo-CSIC)
¿Por qué está costando estabilizar, por un lado, el incendio de Madrid-Ávila y, por otro, el de la provincia de Castellón?
"Cuando se producen incendios tan extremos, por su magnitud, intensidad, peligrosidad y, además, por su simultaneidad, son, en gran medida, los propios incendios los que marcan la evolución. Por muchos medios de extinción que se movilicen, no siempre es posible atacarlos directamente ni apagarlos mientras se mantienen determinadas condiciones meteorológicas y de comportamiento del fuego. Es importante que la sociedad comprenda que los recursos de extinción tienen límites. En estas situaciones, los equipos intentan contener el incendio en las zonas donde es posible, orientar su evolución, aprovechar las oportunidades que ofrecen el terreno o los cambios meteorológicos y, ante todo, proteger a la población".
¿Tenemos que acostumbrarnos a este tipo de incendios que exceden la capacidad de extinción?
"Por desgracia, tenemos que asumir que estos episodios pueden ser cada vez más frecuentes y peligrosos, como ya estamos observando en los últimos años. Podemos y debemos actuar sobre la prevención para reducir la probabilidad de que se produzcan grandes incendios y limitar su gravedad, pero no podremos evitarlos todos. El clima actual y la configuración de muchos de nuestros paisajes favorecen la aparición de incendios extremos. Tenemos que trabajar de forma conjunta para moderar esa peligrosidad, pero transformar el territorio y minimizar el efecto de cambio climático son procesos largos y complicados. Mientras tanto, debemos estar preparados para responder cuando estos incendios se produzcan".
¿Qué se puede hacer cuando exceden la capacidad de extinción?
"Cuando un incendio excede la capacidad de extinción, la prioridad absoluta debe ser la seguridad de la población y de los propios equipos de emergencia. En esos momentos, el objetivo no siempre puede ser apagar inmediatamente todo el frente, sino proteger los núcleos habitados, organizar evacuaciones o confinamientos, reducir la exposición al humo y aprovechar cualquier oportunidad segura para contener el avance del fuego. En este episodio, alrededor de 100.000 personas han tenido que ser evacuadas o confinadas. Aunque ya se ha producido una víctima mortal (en Manises), la magnitud de la emergencia muestra la importancia de que los sistemas de protección civil funcionen y de que la población siga las indicaciones oficiales".
¿Estamos preparados para enfrentarnos a ellos?
"Es muy difícil estar completamente preparados para emergencias de esta magnitud, pero existen ámbitos en los que se ha avanzado y muchos otros en los que todavía debemos mejorar. Es fundamental reforzar la prevención, la planificación territorial, la coordinación entre administraciones, los sistemas de alerta, la protección civil y la formación de la población. También debemos hablar de corresponsabilidad: las administraciones tienen una responsabilidad esencial, pero toda la sociedad debe conocer el riesgo, informarse, preparar medidas básicas de autoprotección y, sobre todo, seguir siempre las instrucciones de los servicios de emergencia".