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César Menor Salván

Astrobiólogo y profesor de Bioquímica en la Universidad de Alcalá

Lo primero que hay que decir es que este trabajo no resuelve el problema del origen de la vida o el origen de moléculas como el ADN o ARN. Hay que tener mucho cuidado con las extrapolaciones, pero es un hallazgo novedoso, muy relevante y sumamente interesante.

Es un extraordinario trabajo que combina radioastronomía, espectroscopía molecular y química computacional, confirmando la detección de una molécula de un azúcar, la eritrulosa. El origen de los azúcares es uno de los problemas a resolver en el origen de la vida y su detección en el espacio interestelar nos muestra dos cosas: primero, que pueden formarse en condiciones naturales en el espacio. Segundo, que puede apoyar la hipótesis de que esas moléculas, acumuladas y preservadas en hielos pudieran liberar esos azúcares en entornos propicios para el origen de la vida, como pudo ser la Tierra primitiva.

Además, la eritrulosa forma parte de una familia de azúcares, llamadas cetosas, que son particularmente estables y pensamos que jugaron un papel clave en el proceso de evolución química hacia la vida, siendo, en mi opinión, más relevantes que las conocidas ribosa o glucosa. Una cosa que me ha entristecido al ver el trabajo es que no han hallado glicolaldehído, gliceraldehído y dihidroxiacetona. Estas moléculas están predichas por diversos modelos, incluyendo el modelo computacional del propio trabajo, son extremadamente relevantes en el origen de la vida y, de haberse confirmado su detección, habría sido un resultado mucho más revolucionario.

El problema de este trabajo: es extraordinario a nivel técnico y muestra un resultado muy relevante. Pero puede crear titulares en la prensa que no se ajustan a la realidad.

El trabajo plantea cuestiones que podrían malinterpretarse como falacias non-sequitur: detectan eritrulosa, por tanto, ¿existía materia prima para los primeros ácidos nucleicos? No. Lo único que demuestra el trabajo es que existe eritrulosa en una nube molecular en el espacio, no que llegue a la Tierra u otro lugar donde pudiera emerger la vida; no que sobreviva a ese viaje; no que alcance concentraciones relevantes; no que participe en síntesis prebióticas.

La segunda falacia non-sequitur que puede derivarse es: la eritrulosa se isomeriza a tetrosas, por tanto, podría conducir a TNA, una molécula alternativa al ARN. Es una cadena enorme de inferencias, a la que le faltan al menos cinco pasos experimentales.

La tercera falacia non-sequitur posible es: hay azúcares en Bennu, por tanto, los azúcares interestelares llegan intactos. No. Bennu demuestra existencia final. No demuestra dónde se sintetizaron. Pueden haberse formado en hielos, durante la evolución del disco, en el cuerpo parental o por alteración acuosa. En general, dice que existe eritrulosa interestelar, por tanto, apoya un origen exógeno de los azúcares.

En realidad, solo añade una pieza del puzle. Que exista eritrulosa interestelar solo nos dice que estas moléculas pueden formarse en ese ambiente, no que los azúcares en la Tierra primitiva vinieron por esa vía, del mismo modo que ver gente bajarse de un avión en un aeropuerto no implica que todas las personas de la ciudad vinieron en avión.

La cuarta falacia non-sequitur es el apoyo al origen de la homoquiralidad. Este probablemente sea el punto más débil de toda la discusión. Los autores escriben que el descubrimiento de una molécula quiral apoya la aparición de excesos enantioméricos extraterrestres. Pero la detección radioastronómica no mide ningún exceso enantiomérico. No hay absolutamente ninguna información observacional sobre quiralidad preferencial. La discusión sobre homoquiralidad aquí está fuera de lugar.

Mi valoración final: es un trabajo extraordinario, sugerente, sólido y con un resultado muy relevante a nivel astroquímico. Tiene importantes implicaciones en química prebiótica y origen de la vida, pero hay que tener cuidado con las extrapolaciones e interpretaciones exageradas y especulativas.

ES