Joaquín Panera
Profesor permanente laboral del Área de Prehistoria en el departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología de la Universidad Complutense de Madrid
El control del fuego representó un punto de inflexión crucial en la evolución humana, permitiendo transformaciones que abarcaron desde la biología hasta la organización social compleja. El uso del fuego en el procesado alimentos fue fundamental para la adaptación de los homininos, facilitando una mayor extracción de energía, una mejor digestibilidad y un aumento del valor nutricional de la dieta, los que se ha correlacionado con cambios evolutivos en la masa corporal y el tamaño cerebral. Además, el uso controlado del fuego se ha relacionado con un incremento de la cohesión, y con la dispersión geográfica del género Homo. Por tanto, determinar el inicio del uso controlado del fuego por los homininos es una cuestión central para comprender la evolución humana, pero la identificación de sus primeras evidencias sea extraordinariamente compleja.
El artículo de Marín-Monfort y colaboradores señala que el empleo individual de las técnicas empleadas hasta ahora para detectar alteraciones térmicas en sedimentos, líticos y huesos son insuficientes. En particular, la FTIR, pese a ser muy utilizada, no permite reconocer de forma inequívoca combustiones por debajo de unos 537 ºC.
Por ello, los autores proponen un protocolo basado en las propiedades luminiscentes de los huesos, que ofrece ventajas relevantes al ser rápida, no destructiva, independiente y adecuada para analizar grandes muestras. Han contrastado la validez del método mediante su comparación sistemática con análisis FTIR aplicados a los mismos fósiles.
El texto concluye que la combinación de luminiscencia y FTIR constituye una prueba robusta para identificar huesos quemados, al permitir confirmar combustión y distinguirla de alteraciones naturales. En Wonderwerk Cave, los resultados confirman la presencia de fuego en el estrato 10, ya documentada anteriormente, y aportan nuevas evidencias en el estrato 11, donde se observan señales de alteración térmica de diversos materiales. Además, los huesos con evidencias de termoalteración en este nivel se concentran en áreas concretas, lo que permite inferir episodios localizados de combustión.
Aunque existen propuestas que sugieren una asociación entre homininos y fuego en torno a 1,5 millones de años, las evidencias más robustas de uso controlado y recurrente del fuego se sitúan actualmente en torno a 0,8 millones de años. Desde el punto de vista cronológico, la indefinición del estrato 11 de Wonderwerk Cave, situado en un amplio marco entre 1,79 y 1,07 millones de años, impide vincular con seguridad estas evidencias al inicio del uso controlado del fuego o hacerlas coincidir con los primeros momentos del Achelense (hace unos 2 millones de años). Por ello, si se precisara la cronología del estrato 11 y se pudiera relacionar con las fases iniciales del Achelense, el hallazgo constituiría una contribución de gran importancia para el conocimiento de la evolución humana.
En mi opinión, la principal aportación del artículo no reside tanto en adelantar de forma definitiva el inicio del uso controlado del fuego, sino en la propuesta metodológica que plantea mediante el empleo de la luminiscencia como técnica complementaria a la FTIR para identificar huesos alterados térmicamente.
La metodología propuesta representa un avance significativo, ya que puede convertirse en una herramienta muy útil para reconocer el uso del fuego durante el Pleistoceno, incluidos los yacimientos europeos, donde existen diversas propuestas de uso controlado del fuego que aún no han sido suficientemente contrastadas mediante protocolos analíticos sólidos.